No encontraste una manera de incluirme en ese vaivén tuyo emocional. De quebrantarme, buscando un pretexto para la ruptura y volver (en un ciclo sin fin, como es tu costumbre), finalmente entre todas las coincidencias que tengo con el género, de tus enfermas, fui la que se salvó a sí misma. Qué Cabrón ha sido salirse de las garras de un lobo, que lo único que quiere todo el tiempo es saciar su hambre, su deseo. No encontraste un pretexto para reciclarme. No pudiste jugar durante años con mi mente. No pudiste dominarme. Suena crudo, es lo que haces.
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